{"id":3175,"date":"2023-12-18T18:19:20","date_gmt":"2023-12-18T18:19:20","guid":{"rendered":"http:\/\/meumon.synology.me\/museu\/?p=3175"},"modified":"2023-12-18T18:28:04","modified_gmt":"2023-12-18T18:28:04","slug":"noches-en-los-ministerios-de-europa-julio-cortazar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/meumon.synology.me\/museu\/noches-en-los-ministerios-de-europa-julio-cortazar\/","title":{"rendered":"Noches en los ministerios de Europa. Julio Cort\u00e1zar."},"content":{"rendered":"<p>Vale la pena ser traductor free-lance porque poco a poco se van conociendo de noche los ministerios de Europa, y es muy extra\u00f1o y est\u00e1 lleno de estatuas y de pasillos donde cualquier cosa podr\u00eda ocurrir y a veces ocurre. Cuando se dice ministerio conviene entender ministerio pero tambi\u00e9n tribunal de justicia o palacio legislativo, en general enormes artefactos de m\u00e1rmol con much\u00edsimas alfombras y l\u00fagubres ujieres que seg\u00fan el a\u00f1o y el lugar hablan en finland\u00e9s, en ingl\u00e9s, en dan\u00e9s o en farsi. As\u00ed he conocido un ministerio de Lisboa, despu\u00e9s el Dean\u2019s Yard de Londres, un ministerio de Helsinki, una ominosa dependencia oficial en Washington, D. C., el palacio del senado de Berna, y no sigo por modestia pero agrego que siempre era de noche, es decir que si tambi\u00e9n los conoc\u00eda de ma\u00f1ana o de tarde mientras trabajaba en las conferencias de las que eran sede moment\u00e1nea, el verdadero y furtivo conocimiento ocurr\u00eda de noche y de eso me jacto, porque no s\u00e9 si otros habr\u00e1n conocido tantos ministerios de Europa por la noche, cuando pierden la s\u00edlaba que los enmascara y se vuelven lo que quiz\u00e1 realmente son, bocas de sombra, entradas de b\u00e1ratro, citas con un espejo donde ya no se reflejan las corbatas o las mentiras del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Siempre pasaba as\u00ed: las sesiones de trabajo se prolongaban hasta tarde, y era un pa\u00eds casi desconocido donde se hablaban lenguas que dibujaban en el o\u00eddo toda clase de objetos y poliedros inconducentes, es decir que en general no serv\u00eda de nada entender algunas palabras que luego quer\u00edan decir otra cosa y casi siempre remit\u00edan a un pasillo que en vez de llevar a la calle acababa en los archivos del s\u00f3tano o en un guardi\u00e1n demasiado cort\u00e9s para no ser inquietante. En Copenhague, por ejemplo, el ministerio donde trabaje una semana ten\u00eda un ascensor como no he visto en ninguna parte, un ascensor abierto que funcionaba sin fin como las escaleras rodantes, pero en vez de la tranquilidad que dan estos mecanismos en la medida en que si se calcula mal la entrada a un pelda\u00f1o lo peor que puede suceder es que el zapato calce en el siguiente con una sacudida desagradable, el ascensor del ministerio de Copenhague propon\u00eda un vasto agujero negro del cual iban emergiendo lentamente las jaulas abiertas a las que hab\u00eda que entrar en el momento justo y dejarse llevar hacia arriba o abajo viendo pasar uno tras otro los pisos que daban a regiones desconocidas y siempre tenebrosas, o peor todav\u00eda, como me ocurri\u00f3 por una man\u00eda suicida de la que nunca me arrepentir\u00e9 demasiado, llegando al punto en que las jaulas, alcanzado el \u00faltimo piso, entraban en un arco de c\u00edrculo completamente a oscuras y cerrado donde uno se sent\u00eda al borde de una abominable revelaci\u00f3n porque adem\u00e1s de la tiniebla hab\u00eda un largo segundo crujiente y bamboleante mientras la jaula franqueaba la zona entre el ascenso y el descenso, el misterioso fiel de la balanza. Desde luego se terminaba por entender ese ascensor y m\u00e1s tarde hasta era divertido subir a una de las jaulas y fumar un cigarrillo dando vueltas y dej\u00e1ndose mirar ocho o nueve veces por los ujieres de los diferentes pisos que estupefactos contemplaban al de ninguna manera dinamarqu\u00e9s pasajero que no terminaba de bajarse, de entrar en una conducta coherente, pero de noche no hab\u00eda ujieres y en realidad no hab\u00eda nadie salvo alg\u00fan sereno a la espera de que los cuatro o cinco traductores termin\u00e1ramos nuestro trabajo, y precisamente entonces yo echaba a andar por el ministerio y as\u00ed los fui conociendo a todos y a lo largo de quince a\u00f1os agregue habitaciones a mis pesadillas, les sum\u00e9 galer\u00edas y ascensores y escalinatas con estatuas negras, las decore con banderas y salones de aparato y curiosos encuentros.<\/p>\n<p>Basta quiz\u00e1 la imaginaci\u00f3n para comprender el privilegio de esas estancias en los ministerios, el hecho casi incre\u00edble de que un extranjero pudiese vagar a medianoche por recintos a los que jam\u00e1s hubiera tenido acceso un nacional del pa\u00eds. El guardarropas del Dean\u2019s Yard en Londres, por ejemplo, sus filas de perchas cada una con su etiqueta y a veces un portafolio o una gabardina o un sombrero que permanec\u00edan all\u00ed vaya a saber por que extra\u00f1os h\u00e1bitos del honorable Cyril Romney o del doctor Humphrey Barnes. Ph. D. \u00bfQu\u00e9 incre\u00edble juego de irracionalidades hab\u00eda permitido que un argentino sard\u00f3nico pudiera pasearse a esa hora entre las perchas, abrir los portafolios o estudiar el forro de los sombreros? Pero lo que m\u00e1s me alucinaba era volver al ministerio en plena noche (siempre hab\u00eda documentos de \u00faltima hora por traducir), franqueando una entrada lateral, una aut\u00e9ntica puerta del fantasma de la \u00d3pera con un guardi\u00e1n que me dejaba entrar sin pedirme siquiera la tarjeta de pase, dej\u00e1ndome libre y casi solo, a veces completamente solo en el ministerio lleno de archivos y gavetas y obstinadas alfombras. Atravesar la plaza desierta, acercarme al ministerio y buscar la puertecita lateral, observado alguna vez con recelo por ind\u00edgenas trasnochadores que jam\u00e1s podr\u00edan entrar as\u00ed en lo que era de alg\u00fan modo su propia casa, su ministerio, esa ruptura escandalosa de una realidad coherente y finlandesa me sum\u00eda desde el comienzo en un estado propicio a lo que esperaba dentro, la lenta y furtiva divagaci\u00f3n por corredores y escaleras y despachos vac\u00edos. Mis escasos colegas prefer\u00edan circunscribirse al territorio familiar de la oficina donde trabaj\u00e1bamos, los tragos de whisky o de sl\u00edbovitz antes de la \u00faltima tanda de documentos urgentes; a m\u00ed algo me citaba a esa hora, ten\u00eda un poco de miedo pero con el cigarrillo en la boca me iba por los pasillos, dejaba atr\u00e1s la sala de trabajo iluminada, empezaba a explorar el ministerio. Ya he hablado de estatuas negras, me acuerdo ahora de los enormes simulacros en las galer\u00edas del senado de Berna, en una oscuridad apenas estorbada por una que otra bombilla azul, sus bultos erizados de lanzas, osos y banderas que me preced\u00edan ir\u00f3nicamente hasta que empezaba la primera interminable galer\u00eda; all\u00ed los pasos resonaban distintamente, marcando cada vez m\u00e1s la soledad, la distancia que me iba separando de lo conocido. Nunca me han gustado las puertas cerradas, los corredores donde una doble hilera de marcos de roble prolonga un sordo juego de repeticiones. Cada puerta me sit\u00faa frente a la imposibilidad exasperante de vivir una habitaci\u00f3n vac\u00eda, de saber lo que es una habitaci\u00f3n cuando est\u00e1 vac\u00eda (no hablo de imaginarla o de definirla, tareas superficiales que consolar\u00e1n a otros); el pasillo del ministerio, de cualquiera de esos ministerios a medianoche donde las salas no s\u00f3lo estaban vac\u00edas sino que me eran desconocidas (\u00bfhabr\u00eda grandes mesas con carpetas verdes, archivos, secretar\u00edas o antesalas con pinturas y diplomas, de qu\u00e9 color ser\u00edan los tapices, qu\u00e9 forma tendr\u00edan los ceniceros, no se habr\u00eda quedado un secretario muerto dentro de un placard, no habr\u00eda una mujer juntando los papeles en la antesala del presidente de la Corte Suprema?), la lenta marcha por el exacto medio del pasillo, no demasiado cerca de las puertas cerradas, la marcha que en alg\u00fan momento me devolver\u00eda a la zona iluminada, a la lengua espa\u00f1ola en bocas familiares. En Helsinki di una noche con un corredor que hac\u00eda un codo inesperado en la regularidad del palacio; una puerta se abri\u00f3 sobre una vasta habitaci\u00f3n donde la luna era ya el comienzo de una pintura de Paul Delvaux; llegu\u00e9 a un balc\u00f3n y descubr\u00ed un jard\u00edn secreto, el jard\u00edn del ministro o del juez, un peque\u00f1o jard\u00edn entre altas paredes. Se bajaba por una escalerilla de hierro al borde del balc\u00f3n, y todo era en escala m\u00ednima, como si el ministro fuera un turbio enano. Cuando otra vez sent\u00ed la incongruencia de estar en ese jard\u00edn dentro de un palacio dentro de una ciudad dentro de un pa\u00eds a miles de kil\u00f3metros de ese yo habitual de todos los d\u00edas, record\u00e9 el blanco unicornio prisionero en el peque\u00f1o recinto prisionero en el tapiz azul prisionero en el Cloister\u2019s prisionero en Nueva York. Al pasar otra vez por la gran sala vi un fichero sobre un escritorio y lo abr\u00ed: todas las fichas estaban en blanco. Ten\u00eda un l\u00e1piz de fieltro que escrib\u00eda azul, y antes de irme dibuj\u00e9 cinco o seis laberintos y los agregu\u00e9 a las otras fichas; me divierte imaginar que una finlandesa estupefacta se top\u00f3 alguna vez con mis dibujos y que acaso hay un expediente que sigue su marcha, funcionarios que preguntan, secretarios consternados.<\/p>\n<p>Antes de dormirme recuerdo a veces todos los ministerios de Europa que conoc\u00ed de noche, la memoria los va barajando hasta no dejar m\u00e1s que un interminable palacio en la penumbra; afuera puede ser Londres o Lisboa o Nueva Delhi, pero el ministerio es ya uno solo y en alg\u00fan rinc\u00f3n de ese ministerio est\u00e1 lo que me citaba por las noches y me hac\u00eda vagar medroso por escaleras y pasillos. Acaso todav\u00eda me quedan algunos ministerios por delante y no he llegado todav\u00eda a la cita; otra vez encender\u00e9 un cigarrillo para que me acompa\u00f1e mientras me pierdo en los salones y los ascensores, buscando vagamente algo que ignoro y que no quisiera encontrar.<\/p>\n<hr \/>\n<p>La Vuelta al d\u00eda en Ochenta Mundos.\u00a0 <a href=\"http:\/\/meumon.synology.me\/museu\/limaginari\/\">L&#8217;imaginari<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Vale la pena ser traductor free-lance porque poco a poco se van conociendo de noche los ministerios de Europa, y es muy extra\u00f1o y est\u00e1 lleno de estatuas y de pasillos donde cualquier cosa podr\u00eda ocurrir y a veces ocurre. 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